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lunes, 3 de marzo de 2008

LOCUTORES Y PICAFLORES

Arrancó el 2008 para Cumbia de la Pura. En nuestro primer programa, conversamos con Juan Mascardi, director de la película Gud Mornin Colón, documental que retrata la vida de los conductores de radios comunitarias de la ciudad de Colón, Buenos Aires. GMC resulto premiada por la Fundación Nuevo Periodismo que preside Gabriel García Márquez y muy bien recibida en el Festival de Cine y Video de la ciudad de Rosario. Como diría el cuartetero Sebastián: "Para ser el rey del amor, hay que ser un buen locutor, trabajar en radio y tener alma de picaflor..."




Locutor y picaflor - Sebastian


¿Cómo surgió la idea de hacer la película?

La idea surgió contando anécdotas en los asados, en el verano del 2005. Si bien vivimos en Rosario, Santa Fe, somos todos oriundos de Colón, provincia de Buenos Aires. En el grupo hay periodistas, realizadores audiovisuales, comunicadores sociales. Y cuando nos dimos cuenta de que las historias de los conductores de las FM de baja potencia sumaban cada vez más adeptos, nos propusimos hacer el documental. También fue por una cuestión de presupuesto: nos salía más barato rodar el documental en Colón que hacerlo en Rosario.


¿Qué diferencias encontraron entre los conductores de programa de cumbia de radios comunitarias y los conductores de radios comerciales que pasan otro tipo de música?
La espontaneidad y un carisma muy particular. Y detrás de eso, historias de vidas muy ricas. Por ejemplo, el caso de Juan Carlos “el mono” Minassian, dueño de una verdulería llamada El sueño del monito. El contenido de su programa se basa en las ofertas de su comercio, pero en medio de ellas, cuenta sus propias historias de vida. Otro de los conductores es Claudio Norberto Javier “Shinga” Lima, uno de los recolectores de residuos de Colón. Es el basurero del pueblo y por la tarde tiene un programa de radio. La espontaneidad y la sensatez que tienen para contar sus propias historias y el respeto que tienen por el público, es sorprendente. Ese es el valor agregado que tiene nuestro documental.

Al hacer la película, ¿se encontraron con que los habitantes de Colón no solo oían la radio por el tipo de música que pasaban, sino por la forma de comunicar la vida de la ciudad?

Tal cual, nosotros lo suponíamos. Quisimos tomar el caso de Colón como paradigmático de lo que ocurre en la gran cantidad de pueblos de la Argentina. Lo que se forman a través de la radio, son lazos de solidaridad. Uno de los conductores, Julio Agustín Luporini, cuenta que los fines de semana sorteaba una docena de buñuelos para recaudar dinero y que una chica pueda hacerse un tratamiento médico en Buenos Aires. El medio de comunicación adquiere un valor junto a la presencia de los conductores. Ellos son relativamente nuevos, por que surgen con la llegada de las radios FM a las comunidades más pequeñas del país: a partir de la llegada de la democracia se consolidan las radios truchas. Cuando nos tocó defender el trabajo en la nominación del premio de la Fundación Nuevo Periodismo, hablamos del valor de la palabra “trucho”: durante la década del ´90, lo trucho se relacionaba con las maniobras del menemismo y adquirió una connotación negativa. Sin embargo, nosotros rescatamos su valor como acceso democrático a nuevos actores sociales en los medios de comunicación.

Más allá de los costos, ¿por qué eligieron a Colón y no alguna ciudad más representativa de la cumbia como la ciudad de Santa Fé, que también se encuentra a una distancia considerable de Rosario?
Por que la gran mayoría de nosotros somos oriundos de Colón. La ciudad esta a 170 km de Rosario y el hecho de conocer las anécdotas de los conductores nos evitó un gran trabajo de investigación. Nos sentíamos locales. Yo empecé a trabajar a los 14 años en una de las radios que filmamos, cebando mate y cortando los cables de las agencias de noticias. Así que fue una cuestión de afecto, cariño y de volver veinte años después al lugar donde comenzamos a trabajar.

En una entrevista reciente, contaste que al llegar a Colón empezaste a entender el fenómeno cultural de la cumbia y notaste una mirada “casi de subestimación” hacia la música. ¿Por qué motivos?
En Rosario existe un cierto reconocimiento hacia la cumbia, debido al ícono de Los Palmeras, pero durante mucho tiempo esta música fue sinónimo de “los negritos” y la anticultura. El rock se ponía por encima de la cumbia. Y me parece que eso no es así. Esta imagen esta incrementada por los medios masivos de comunicación, que difunden solamente el programa televisivo de los sábados por la tarde, donde aparecen grupos que están formados para vender algunos discos y que después pasan a la historia. Si bien no soy un especialista en cumbia, creo que tiene que ver con las raíces, la cultura popular, el modo de encuentro de mucha gente y el punto de compartir. Tal vez los cordobeses nos puedan dar una lección con el cuarteto y la identificación que tienen con su música.

¿Cómo fue la respuesta del público del Festival de Cine y Video de Rosario?
Nosotros aparecimos como el “bicho raro” del festival. Pero la respuesta fue sorprendente. El lugar se llenó, la gente compartió, se rió. Y a partir de ahí se empezó a generar toda esta bola que alcanzó su punto más alto cuando nos encontramos con (Gabriel) García Márquez en México.

Alguien que dice ser especialista en cumbia, y se ve que no lo es, es el escritor colombiano Gabriel García Márquez, quien no conocía al grupo Los Palmeras ¿Es cierto que le hiciste llegar algunos discos de esta banda santafesina con más de 35 años de trayectoria?
Sí, fue una anécdota muy linda por que en el día previo a la entrega de premios, hubo un seminario periodístico en la ciudad de Monterrey y en un momento nos pusimos a charlar. Le empecé a contar del documental, de la cumbia de nuestro país y me dijo: “¿Cumbia argentina? Yo soy un especialista y no la conozco”. Lo primero que me salió responderle fue: “¿No conoce a Los Palmeras, maestro?”. Y terminé contándole de la banda. No obstante, me casé quince días más tarde y me fui de luna de miel a Cartagena, que es la ciudad colombiana en donde vive. Entonces, decidí llevarle algunos compacts. Pero todavía no se si tuvo la posibilidad de escuchar El Bombón Asesino.



Más info en: Gud Mornin Colón

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